Espacio cívico y resistencia comunitaria en Cartagena

Espacio cívico y resistencia comunitaria en Cartagena

El departamento de Bolívar y en especial la ciudad de Cartagena concentran una de las presencias organizativas afrodescendientes e indígenas más activas del Caribe colombiano, sostenida por consejos comunitarios, cabildos, juntas de acción comunal, fundaciones y otras formas organizativas étnicas y sociales que durante años han defendido derechos colectivos, territorio y memoria. Ese tejido social, sin embargo, opera en medio de un espacio cívico que enfrenta cada vez más restricciones como: barreras administrativas para acceder a recursos y convocatorias, poca capacidad de interlocución con las entidades públicas, y muchos riesgos para quienes ejercen liderazgo social, tanto en el territorio como en los entornos digitales. En ese contexto se desarrolló, el pasado 18 de junio de 2026, el Laboratorio Comunitario de Respuesta Cívica, un espacio impulsado por la Corporación Cambio Sostenible en el marco del proyecto Compromiso Cívico Digital, con el que se buscó que las propias organizaciones nombraran las barreras que enfrentan y construyeran, de manera colectiva, respuestas frente a ellas.

Al encuentro asistieron representantes de la Fundación Mujer Impulso, la Asociación Afrocolombiana Benkos Kusuto, la Fundación Social Mi Territorio Afro, el Consejo Comunitario del Primero de Julio «Gilberto Pérez Vizcaino», la Juntas de Acción Comunal de Bellavista, la Asociación de mujeres NINHA y la Fundación por la Educación Multidimensional (FEM), organizaciones con presencia activa en Cartagena y el departamento de Bolívar. La jornada, permitió que las organizaciones pusieran en común su forma de vivir, la manera como despliegan su actuar social y los retos que han enfrentado o que enfrentan diariamente, algo que pocas veces tienen oportunidad de verbalizar de manera colectiva. Lejos de tratarse de percepciones aisladas, el ejercicio confirmó que estas limitaciones son estructurales y compartidas. La falta de recursos propios para sostener sus actividades apareció como la principal barrera, seguida de un acompañamiento institucional débil y de requisitos técnicos y financieros que, en la práctica, terminan castigando a las organizaciones más pequeñas frente a las de mayor trayectoria. A esto se suman vacíos en competencias digitales y en formulación de proyectos, sobre todo en corregimientos y zonas rurales de Bolívar; todo esto sumado al riesgo persistente para quienes ejercen liderazgo social, hoy expresado tanto en amenazas y estigmatización directa como en ataques digitales, discursos de odio y desinformación.

Ese diagnóstico compartido fue, en sí mismo, uno de los principales valores del laboratorio desarrollado en la ciudad de Cartagena. Nombrar colectivamente las barreras y descubrir que son comunes a organizaciones de distinto tamaño, trayectoria y territorio tiene un efecto que va más allá del ejercicio puntual porque permite fortalecer la capacidad de las organizaciones para articularse, para exigir de manera conjunta y para dejar de enfrentar solas problemáticas que en realidad son sistémicas. De ahí surgieron peticiones concretas dirigidas a las entidades con presencia en el territorio, así como rutas de acción y recomendaciones de autocuidado que las organizaciones se llevaron como herramienta de trabajo.

Más allá del resultado puntual, el valor de este laboratorio va más allá de la jornada misma. La información recogida sobre las barreras más frecuentes, los riesgos que enfrentan los liderazgos y las peticiones que las organizaciones dirigen a las entidades se convierte en insumo para las siguientes acciones de acompañamiento y fortalecimiento que desde la Corporación Cambio Sostenible y en el marco del proceso Compromiso Cívico Digital se seguirá impulsando en Cartagena y Bolívar. Además, cada organización se lleva herramientas concretas que puede aplicar de inmediato en su día a día: rutas claras para actuar frente a amenazas o violencia digital, un modelo de derecho de petición y recomendaciones de autocuidado que quedan instaladas como capacidad propia que las organizaciones pueden seguir usando después de que el laboratorio termina.



Escribió para Cambio Sostenible,

 

Karen Gutierrez

Abogada