Genocidio contra el Pueblo Nasa: Justicia se pronuncia, territorios claman paz

Genocidio contra el Pueblo Nasa: Justicia se pronuncia, territorios claman paz

En las montañas del Cauca, donde la niebla abraza a los frailejones y los ríos cantan historias ancestrales, la Nación Nasa ha tejido durante siglos un diálogo sagrado con la tierra. Su territorio no esta delimitado por líneas, puntos y ciudades occidentales; es un cuerpo vivo, un tejido de memoria, resistencia y soberanía alimentaria. Sin embargo, ese diálogo ha sido interrumpido una y otra vez por el ruido de la violencia, un conflicto que ha querido acallar sus voces, desplazar sus cuerpos y romper el hilo umbilical que los une a su territorio.

El Cauca, un departamento de una biodiversidad y riqueza cultural abrumadoras, se ha convertido también en un escenario donde el espacio cívico —aquel ámbito necesario para la participación, la defensa de los derechos y la construcción de paz— se cierra con saña para las comunidades indígenas y afro. Allí, el ejercicio de liderar, de proteger los recursos naturales, de oponerse a economías ilegales, se paga con amenazas, con desplazamiento y, en el peor de los casos, con la vida.

El pasado 10 de diciembre la Fiscal Luz Adriana Camargo ha dado un paso sin precedentes al nombrar esta tragedia con la palabra más grave que existe en el léxico de los derechos humanos: genocidio. La Fiscalía General de la Nación ha logrado que un juez emita órdenes de captura contra varios cabecillas del Estado Mayor Central de las disidencias de las FARC, por considerar que sus acciones buscaron la destrucción intencional, en todo o en parte, del pueblo Nasa.

La decisión surge de un riguroso trabajo investigativo en el terreno, que involucró a analistas criminales, antropólogos, expertos en atención a víctimas y otras disciplinas. Este esfuerzo revela un panorama alarmante y sombrío para la comunidad nasa, quienes han sido objeto de un patrón sistemático de criminalidad que amenaza sus vidas y su cultura.
Los elementos probatorios presentados son escalofriantes: 32 actos delictivos que incluyen homicidios, tentativas de homicidio y desplazamiento forzado. Desde 2022, un total de 43 personas han sido víctimas de esta violencia desenfrenada, entre ellas 16 comuneros, 14 líderes y dignatarios de la comunidad, ocho firmantes del Acuerdo de Paz y cinco sabedores ancestrales.

El material investigativo vincula estos actos al Frente Dagoberto Ramos del autodenominado Estado Mayor Central, presente en Caldono, Santander de Quilichao, Caloto, Corinto, Toribío, Miranda, Páez y Jambaló. La Fiscalía denuncia un esquema de intimidación y control territorial orquestado por los líderes del grupo armado, cuyo objetivo parece ser someter a las comunidades indígenas y destruir su resistencia ante las economías ilegales.

Este hallazgo jurídico lo calificamos como un eco tardío de un dolor profundo. Reconoce un patrón de violencia sistemática: masacres, reclutamiento forzado, confinamiento, desplazamiento y un ataque directo a la estructura social, espiritual y cultural de un pueblo que ha resistido por más de 500 años. Es un intento de despojarlos no solo de su tierra, sino de su mismidad, de su futuro y de su derecho a existir.

Este resultado jurídico lo acompañamos con nuestra preocupación por el territorio cerrado a procesos de paz, y amenaza con convertirse en espacios de hostilidad desiguales con los pueblos originarios. En el 2025 el monitoreo de espacio cívico demostró que el Cauca vive situaciones altamente restrictivas en la seguridad, libertad y acceso a la justicia en organizaciones indígenas y afrodescendientes.

Compromisos:

El Estado colombiano debe garantizar la protección real de las comunidades y, sobre todo, escuchar y cumplir los mandatos de vida y armonía que el pueblo Nasa ha construido desde su dolor y su fortaleza.

La verdadera justicia no solo se escribe en un documento judicial; se siembra cuando se respeta la autonomía de los pueblos, cuando se les garantiza poder decidir sobre sus territorios y cuando su voz, largamente silenciada, se convierte en la brújula indispensable para construir una paz 

El Cauca clama por esta paz.

El pueblo Nasa la está sembrando y merece protección.

Yiniva Loango

Trabajadora social

Directiva de Cambio Sostenible

Timbiquí, Cauca

Mapa del espacio cívico del departamento del Cauca en el año 2025, mide zonalmente las condiciones de seguridad, participación y bienestar de organizaciones afro e indígenas, el panorama promedio es de espacio cerrado (color rojo) y represión (color naranja) en la mayoría del territorio, coincidente con las zonas montañosas donde habitan comunidades indígenas. Esto resalta el contexto de violencia e inseguridad social que viven los pueblos en el Cauca. Fuente: Reporte de Monitoreo de Espacio Cívico 2025