Compromisos por la justicia menstrual: Salud, saneamiento y su intersección con los derechos sexuales y reproductivos

Compromisos por la justicia menstrual: Salud, saneamiento y su intersección con los derechos sexuales y reproductivos

Colombia tiene una deuda histórica con el agua potable y el saneamiento básico. Esa deuda no es neutral: golpea con más fuerza a niñas, adolescentes, mujeres y personas menstruantes que, cada mes, deben costear de su propio bolsillo los productos de gestión menstrual.

El desconocer la inequidad en el acceso a saneamiento básico y su estrecha relación con la salud pública y en especial, con las cargas desproporcionadas del cuidado personal y que se conectan con la salud sexual y reproductiva, haría irresponsable al Estado, el no procurar la garantía de derechos con un enfoque de equidad y de género.La menstruación no es un lujo ni un asunto privado que deba resolverse en soledad. Es un asunto de salud pública, de derechos humanos y de justicia social.

La Organización de las Naciones Unidas ha dado pasos firmes en los últimos años. En 2022, la OMS llamó a reconocer la menstruación como un asunto de salud y derechos humanos, no solo de higiene. En 2024, el Consejo de Derechos Humanos adoptó la primera resolución sobre gestión de higiene menstrual, derechos humanos e igualdad de género, y en sesiones recientes ha reafirmado la obligación de los Estados de garantizar acceso a agua potable, saneamiento adecuado e instalaciones de higiene para todas las mujeres y niñas, incluyendo la salud menstrual, y de eliminar el estigma que la rodea.

Colombia no puede desmarcarse de esta necesidad. No puede deslindar la interseccionalidad ni evadir su responsabilidad argumentando que estos conceptos no son vinculantes o estandarizados. Tampoco puede invisibilizar a las disidencias de género escudándose en el Tratado de Roma. La política exterior colombiana no puede dar la espalda a las conversaciones y compromisos globales, dejando atrás décadas de luchas históricas.

La justicia menstrual es un compromiso con la salud, con el saneamiento y con los derechos sexuales y reproductivos. No es un favor: es una obligación del Estado.

 

 

Coordinación del área de Género e Inclusión Social

Corporación Cambio Sostenible